Garzones

Elvis Leonardo es garzón. Puedo asegurar que ese es su nombre verdadero porque no vive en esta región. De hecho, no sé en qué región vive. Pero sí puedo asegurar que hace veinte años que viaja a Tongoy durante los veranos a laborar en el oficio, no sólo como un garzón que por la necesidad cae bajo el manto de la timidez, sino como un maestro de garzones; un tipo reconocido en el ambiente como formador de nuevas generaciones de garzones, que han ido a ganarse la vida en esa  pequeña mina de oro que es la costa en la región de Coquimbo.

Pero como toda ilusión, los garzones, igual que los mineros, son aves de paso que ayudan a cultivar la depresión de las poblaciones en la caleta de Tongoy. Porque el verano en Tongoy es como un día luminoso donde el sol lanza sus mejores destellos sobre el mar y la espuma, y los hace recalentar de tibieza y ensueño la arena y sus granos blancos, como en una película de romance. Y no durante una mala película de romance, de hecho, da igual que la película sea o no de romance, lo que importa es que esa tibieza, y la arena y el mar y la espuma, se diluyen en algún momento durante el verano, como en una visión del paraíso.

Elvis Leonardo fue alcohólico, y teme caer en el vicio otra vez. Un día un garzón más joven lo convidó a que tomasen un vino cerca del mar, pero Elvis Leonardo se negó. Le costó resistir, pero se negó. El garzón más joven le dijo que en ese caso podía tomarse una bebida mientras él tomaba vino, pues en el fondo lo que deseaba era conversar con alguien. A lo que Elvis Leonardo volvió a negarse, diciendo que tomar bebida era como chupar un clavo.

Más tarde el joven garzón se iría a la playa solo a tomar un vino que, por lo demás, se tenía bien merecido, ya que ese día las propinas fueron generosas y el trabajo durísimo. Y mientras estaba ahí, entre Tongoy y Puerto Velero, pensaba en Elvis Leonardo y en la suerte de Tongoy, en la fuerza de voluntad, en la muerte y en el horizonte que, en su conjunto, se irían disolviendo como todos los veranos, hasta dejar un agujero en la vida de los que debían vivir diez meses de oscuridad, a la espera de nuevas ilusiones.

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