Crimen sin castigo

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Cometimos un criparo-conyinua-900x575men, todos cometimos un crimen. Al margen de los votos en contra y a favor. En el curso de esta historia todos cometimos crímenes; delitos menores, sabotajes, indiscreciones imperdonables, pequeños fraudes de hecho y de conciencia. Crímenes menores, en todo caso, pero todos en una misma ruleta ¿cuántas balas tiene un arma que pueda empuñarse? Cada uno de los cinco o seis disparos -de los cinco o seis agujeros que contienen el peso de las balas- fue tallado por nosotros; es lo que puedo leer entre líneas ahora que repaso la carta de Tomás. El pobre intentaba avisarnos, anticiparse a la fundición de los agujeros, tapar con migas de pan los orificios que contienen las balas, pero él también había votado, había asumido una postura igual que todos.

Cuánto nos iba a costar sacar adelante una mentira. Estamos todos los días frente al espejo. En la sala de profesores hay un espejo que nadie ha tocado; nadie que habite al otro extremo de la sala. Solo los buitres saben qué hay detrás de ese espejo, de la historia trucada de ese espejo tallado en espino, detrás de las hendiduras que hiciera un carpintero de la primera generación de carpinteros. Los maestros sabíamos que ese reflejo que sólo mostraba la cara de los buitres, por mucho que estuviésemos delante suyo, a la larga terminaría adiestrándonos y haciendo de nosotros unos psicóticos.

Ir al paro, no a la cesantía como los españoles, sino al paro, a la paralización de actividades, es la huella que habíamos seguido todas estas semanas. Pero algunos maestros decidieron seguir firmando sus tarjetas. Eso duele, sabes, y puso al espejo en contra de nosotros. Todo iba a precipitarse si otros se dejaban amedrentar tan fácilmente. Por eso lo hicimos, por el bien del movimiento. La carta de Tomás, pobrecito, al menos no asegura que hayamos sido nosotros, es decir, no deja indicios sobre quién de los cinco o seis maestros contrajo el dedo índice en dirección a su pecho, sobre quién ejecutó los tiros ¿entiendes? Porque fueron cinco o seis los tiros ordenados por los buitres. Quiero decir, los tiros que las cargas negativas depositadas en el espejo nos fueron ordenados o mandatados.

Todos votamos a favor de fusilar al traidor, y la carta de Tomás no dice quién percute los tiros. Hoy estamos lejos, nadie podría saber si asistimos o no a las marchas, o si somos los autores de los disparos que la carta nunca detalla. Gracias a la carta de Tomás nos salvaremos, estoy seguro.

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