La anti-antología de Eltit

Llegados al sexto galardonado con el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, chocamos de frente con Diamela Eltit, ganadora el 2010 de dicho reconocimiento

http://issuu.com/diarioelcentro/docs/temas_15-03-2015 (Pág. 14)

miniaturasSi hay personajes cruciales en la historia cultural del Chile de las últimas décadas, allí se halla la escritora y artista visual Diamela Eltit. Contadora incansable de los bajos instintos de la patria y del individuo -dentro o fuera de las condiciones que en apariencia alientan con mayor fuerza a cometer crímenes-, la obra de Eltit es un disparo inagotable de esas conciencias parlantes. Una reverberación sin pausas que lleva a preguntarse ¿Nos agota el incansable sonsonete que la autora reproduce en sus novelas? Si llegase a agotarnos, estaríamos dándole la razón a aquellos que intentaron lapidar su obra por considerarla demasiado críptica respecto de su forma.

En el prefacio del libro, el crítico Pedro Gandolfo habla, de forma más o menos contundente, acerca de lo difícil que ha sido conciliar a través del tiempo la palabra pensante y la palabra poética. Adjudicando dicho logro a Kafka, en cuya obra -según Gandolfo-, es imposible escindir la historia y los personajes del pensamiento. Según el crítico, al igual que el autor nacido en Praga, las historias de Eltit corresponden a una narración que piensa o pensamiento narrado.

Aquel logro que destaca Gandolfo en el prefacio explicaría por qué las narraciones de la autora parecieran ir a caballo de ese sonsonete ininterrumpido que, para hacerle justicia, podría tratarse de un pensamiento que no ha sido depurado a través de las formas tradicionales a que estamos acostumbrados (suspenso, clímax y desenlace), sino que ha sido puesto en el papel tal como lo hubiese reproducido una conciencia.

Finalmente, y debido al estilo en que está inscrito el pensamiento dentro de las narraciones de Eltit, se le atribuye a la autora haber creado un lenguaje que lucha en contra de las estructuras de poder, contenidas, desde el principio de los tiempos, en el único objeto capaz de abarcarlas: el propio lenguaje. Un lenguaje que en la obra de Diamela Eltit -según Pedro Gandolfo-, es un lenguaje que piensa.

Una vez superado el prefacio, sin embargo, cabe preguntarse por los alcances de las historias contenidas en la presente antología. Una recopilación de textos que, en palabras de la propia autora durante su última visita a la ciudad de Talca el año recién pasado, es completamente antojadiza. Constituyendo de tal suerte una especie de anti-antología. Aunque todos los fragmentos que podemos hallar en ella son atravesados por un estilo y una temática inconfundibles.

Cuerpos dolientes (casi siempre cuerpos femeninos); fluidos emanados de esos cuerpos; la fecundación como una concepción de parásitos; la maternidad como la sumisión de la mujer frente a la tiranía de los hijos; el deterioro del los cuerpos con el paso de los años. Mucha carne y dolor en grandes cantidades. Todo eso al interior de una confesión automática salida de la conciencia (un sonsonete que puede tornarse peligrosamente monótono si no logras superarlo). Un estilo que debió provocar al decoro de los autores nacionales de hace una o dos décadas; un estilo que se ha ganado el respeto de las letras chilenas y extranjeras.

Para aquellos que todavía no hayan tenido oportunidad de acercarse a la obra de Diamela Eltit, la presente antología es una excelente aproximación al incansable trabajo de esta importante escritora nacional.

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