Una de Isidro Parodi

38 - Borges-Bioy Casares - Seis problemas para Don Isidro Parodi

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En las ciudades tienen lugar acontecimientos irrepetibles. Tipos con pañuelos blancos amarrados a uno de sus brazos esperando a ser reconocidos por intermedio de una pregunta cifrada y llevados con la cabeza tapada a algún sitio desconocido, donde serán sometidos a pruebas iniciáticas cargadas de un misticismo capaz de atemorizar a los corazones más entonados.

¿Le suena a usted el nombre de Isidro Parodi? El primero de los seis problemas dedicados a su persona en un libro de juegos para el ingenio lleva por título “Las doce figuras del mundo”, correspondientes dichas figuras a las doce casas del zodíaco. La historia es digna de ser referida en breves palabras de admiración, pese a las críticas que un buen poeta y amigo cercano arguye en contra del autor de dicho relato.

Aquiles Molinari fue víctima de una secta de drusos que decían lo iban a iniciar siempre que él aprendiese de memoria el orden de los signos del zodíaco, ayunara durante tres días y se presentara un domingo para ser sometido a una prueba de identificación. Todo fue un truco de naipes. Debía traer a la presencia del jefe a cuatro drusos encapuchados. Adivinaría los cuatro solicitados, de entre todos, supuestamente guiado por el orden del zodíaco, pero no. El jefe le dijo: Buscarás al druso n° 1, él trajo al n° 2; le dijo que trajera al druso 2, él trajo el 3; le dijo que trajera el 3, él trajo el 4; le dijo que descansara, que él traería el 4 y trajo el 1. El 1 era Ibrahim, amigo íntimo del jefe y por lo tanto fácil de ser reconocido entre muchos.

Molinari cayó en la trampa, el juego de naipes logró convencerlo del poder contenido en los signos zodiacales. A continuación tuvo lugar un homicidio en casa de los drusos, además de un incendio inexplicable. Ambos hechos acabarían respectivamente con la vida del jefe de los drusos y con el contenido de unos libros valiosísimos. La culpa, como era de suponer, fue atribuida a Molinari.

Hay más detalles que no cabrían en el presente espacio. Baste decir que el ingenio de un tal Isidro Parodi resuelve el juego de naipes explicando a Molinari lo descrito más arriba, apartando de su cabeza las fantasías del zodíaco hasta convencerlo del timo del que ha formado parte. Seguramente que los juegos de lógica llenan momentáneamente los espíritus, pero quisiera insistirle a mi amigo poeta que son dificilísimos y admirables, y nos ponen la vara tan alta como el ejercicio de desenmarañar la ley de la unidad de los contrarios, base fundamental de la dialéctica materialista.

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