El tiempo pasado de Beatriz Sarlo

Beatriz Sarlo (3)

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La segunda entrega del premio de letras José Donoso de Universidad de Talca, es dedicada a la escritora e intelectual trasandina Beatriz Sarlo, ganadora de este reconocimiento en 2002, y cuyo libro “Tiempo pasado; Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión” es el título que la autora ofreció, en su momento, a la editorial de dicha casa de estudios.

Tratándose acerca de cómo hacen los historiadores para reconstruir el pasado, y de cómo ese pasado puede verse afectado o nutrido según la perspectiva de sus autores, Beatriz Sarlo explica con rigurosidad los afanes de aquellos dedicados a contar lo ocurrido, haciendo notar que pese al método o la academia que rige a los trabajadores de la memoria, existe además una historia de circulación masiva de impacto público, que trabaja con las creencias de la población a la que se dirige.

Esa nueva forma de reconstruir el pasado tiene su origen en el sentido común y trabaja directamente con el relato. Las últimas décadas, sobre todo, son el ejemplo más cercano de ese relato. Los historiadores, según Sarlo, han dejado paulatinamente la academia, para otorgarle mayor importancia al individuo y a su testimonio, a través de un trabajo de etnografía que ha terminado por darle un “giro subjetivo” al oficio de historiador.

Sin embargo, el testimonio o la memoria del sujeto como nueva fuente de la experiencia, aunque  presenta una serie de beneficios, como el hecho de haber reivindicado al individuo, se torna poco confiable bajo fuentes como las autobiografías; testimonio donde se halla un yo textual que pone en escena a un yo ausente, otorgando la palabra a un muerto y llevándose consigo la continuidad de la experiencia. Es decir, haciendo de la experiencia (la materia prima del relato histórico) un objeto que no entrega garantías.

El giro subjetivo de la historia se hace más evidente con la proliferación de testimonios luego de las peores catástrofes del siglo pasado. Tal es el caso del Holocausto o las más recientes dictaduras latinoamericanas de los años 60 y 70. Dichos testimonios han supuesto una restauración moral de la experiencia pasada. Sin embargo, puesto que las víctimas que conocieron el fin último de los campos de concentración y de tortura han muerto, los sobrevivientes no pueden más que entregar la mitad de ese testimonio que -separado por la muerte del resto de sus protagonistas- se ve a nuestros ojos eclipsado.

El debate se halla entre los beneficios y desventajas que supone el apoyarse en las miles de fuentes testimoniales de hoy para reconstruir la historia. Al parecer, el problema que Sarlo se plantea es, precisamente, el equilibrio entre academia y testimonio. Si por un lado la academia anula al sujeto, el testimonio se halla supeditado a las contingencias del presente, haciéndose cada vez menos confiable, y transformando el oficio de aquellos que hurgan en la historia para reconstruir sendos relatos sesgado, en el de un filtro que consiga contarnos la verdad aceptando sus vacíos y limitantes.

El debate se halla sobre la mesa, la patada inicial ha sido dada por Beatriz Sarlo y patrocinada por editorial Universidad de Talca.

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