Remembranzas de El jugador

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Una historia contada a través del recuerdo se torna sencilla y hasta demasiado rústica. Incluso resta valor a lo que sacamos en limpio de aquella primera lectura, que por descontado hemos hecho hace años y guardamos de ella nada más que sensaciones, o acaso un significado fundamental capaz de ser explicado en no más de medio minuto de charla.

No obstante, mientras el recuerdo sea atesorado con algún grado de importancia, puesto que tenemos conciencia de lo que significa ir sumando información, o mejor todavía, ir sumando lo que de fascinante tienen las historias que hemos leído, en tal caso no importa cuántos detalles recordemos de esas historias. Lo importante es poder transmitir, sin importar el tiempo que haya pasado, aquella preciosa información a quienes todavía no la tienen.

En primera línea tenemos a un escritor barbudo que además de ser un genio declarado, tenía -como todos los genios de su raza- un vicio o una debilidad de la que sin embargo no dudó en sacar partido en beneficio de su obra. Una obra contundente y cristiana, o cuando menos de un alto valor moral. La obra de un sabio en materias del espíritu, pero que más bien es admirado por su enorme talento realista en aquellas grandiosas novelas de largo aliento.

Su vicio era el juego, la ruleta, y en ella creyó ver códigos del azar capaces de ser interpretados a su favor y que sin embargo se convertirían en su ruina, cuya influencia lo llevaría a pedir préstamos y a contraer innumerables deudas que su talento y su prestigio de escritor no serían capaces de costear. Sin embargo, algo bueno saldría de aquella triste época de penurias. Una memorable novela cuyo eje central son los códigos alucinantes que emanan de la ruleta, y que proporcionan -incluso al lector- la ilusión de estar frente a un jugador prodigio.

Apremiado por las deudas, el genio escribiría esta novela por encargo, siendo notorio que la extensión de la historia es menor que aquellos enormes clásicos a que nos tiene acostumbrados. Y pese a la angustia que conllevan los vicios en general, el tono del argumento y la figura de sus personajes, son bastante más amenos que las Pobres Gentes que protagonizan el resto de su obra.

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