En una consulta

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Se halla en la consulta de un médico en un piso superior al décimo. No existen dolencias aparentes que justifiquen su presencia en aquel sitio. Se diría que acompañaba a alguien más por dolores en los ligamentos de uno de sus pies. Pareciera que se tratara de una mujer guapísima que ya hubiese sido llamada por una secretaria mucho tiempo antes. Pero si es así, ésta no ha vuelto a salir de la consulta, cuestión que lo lleva a pensar que jamás acompañó a nadie y, por consiguiente, comienza a convertirse en un estorbo o por lo menos en un sujeto digno de sospecha para los demás pacientes.

Un chico de cabellos rubios y muy largos pasea de un extremo a otro seguido de otro chico más pequeño que, con toda seguridad, se siente atraído por la fuerza que irradian los dorados mechones y los contoneos de su joven guía, con quien se figura que pasará el resto de su vida sumergidos ambos en aquel eterno y suficiente tiempo de espera, como para que dos niños en una consulta del médico, o por lo menos el pequeño admirador, conciba imaginarios y firmes lazos de amistad.

En aquel tiempo de espera donde las horas parecen insustanciales con respecto de los números, y los cálculos sobre espacios estimativos de tiempo se vuelven imposibles, escucha una segunda llamada de la secretaria del médico pronunciando un nombre desconocido, hasta dejar abierto un agujero entre la última sílaba emitida y la capacidad de reacción de los pacientes. Lapso de tiempo suficiente para hacerse de una certeza y una duda, que contengan a partes iguales el horror y la consternación.

No importa a quién haya convocado la secretaria, ni si realmente ha llegado hasta ahí acompañando a una segunda persona, o si el chico del cabello dorado ha abierto un agujero en el tiempo de espera de la sala de consultas. Sea de quien sea el turno de atención, se debate entre responder o no al llamado. O mejor todavía, cree estar en su legítimo derecho de responder, incluso cuando las sílabas adquieren por fin un significado que por lejos equivalen a un nombre que, visiblemente, no es el suyo.

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