Max Wolf, el perdedor hermoso

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La última y póstuma novela de Óscar Bustamante nos lega otro personaje entrañable y valiente, que nos conquista a través de sus ridículos fracasos 

“Los tormentosos últimos días de un irreverente” es una historia que sostiene como leitmotiv el concepto de valentía. No existe otra palabra capaz de abarcar mejor la siguiente novela o la siguiente obra o puede que la siguiente vida, basada en una última señal de honestidad.

Nacido en Talca en 1941, Óscar Bustamante, arquitecto de profesión y escritor a partir de la segunda mitad de su vida, no alcanzó a ver publicada su última novela que llegaría a nosotros póstumamente. A modo de homenaje, tendría lugar su lanzamiento en Santiago dos semanas después de haber fallecido (lunes 14 de octubre del presente año).

Coincidentemente el personaje de la novela es un arquitecto sofisticado que viene a Talca a hacer de las suyas, a purgar los errores de su vida y a cerrar el círculo de su existencia de la peor manera posible, o puede que de la única manera que una vida como la suya sea capaz de ser finiquitada.

El arquitecto Max Wolf es irreverente en tanto que sus disparates lo convierten en un héroe autodestructivo que ajusticiará a toda la ciudad de Talca, y que se dará a sí mismo un revés definitivo que lo llevará al origen de las cosas.

Carlos Overnead, un sofisticado perdedor y boxeador de origen inglés incapaz de encontrar su lugar en la agresiva e hipócrita sociedad chilena, es el protagonista de otra de las novelas de Bustamante y que contrasta perfectamente con este arquitecto que ha vivido en Francia y que, bien mirado, pasa de ser un completo arrogante a un entrañable y valiente héroe capaz de sacrificarse en nombre de la autenticidad que todos echamos en falta.

Ambos personajes introducen -como en todas las buenas historias- “la angustia”, que en palabras de Bataille, está fundada en algo que va mal, una historia que amenaza con terminar muy mal, y que es poniendo al lector ante esta perspectiva desagradable, ante esa tensión, que el conflicto de una novela se vuelve interesante. Y efectivamente, ambos personajes acaban mal. Ya no echaremos luces sobre el destino de Max Wolf; baste considerar el trágico final del boxeador Carlos Overnead, quien terminara sus días exiliado en la selva venezolana viviendo penosamente a orillas del Orinoco.

La historia de “Los tormentosos últimos días…” está atravesada por frases del libro “Así habló Zaratustra” que son reducidas a los conflictos prácticos del personaje. El jazz también juega un papel fundamental en la novela. Wolf conoció a su ex mujer en la época en que mejor se desenvolvía tocando el piano, y ya que su postura siempre fue la de un rebelde en contra de todo lo acomodaticio, Silvia, cuando todavía era su esposa, le diría: “Max, el piano te dignifica”. Y con razón; el piano sería cada vez más un decoroso paréntesis entre cada tropiezo.

¿Un viejo verde o un amante refinado de la belleza? ¿Un “farsante desgraciado”? ¿Un “vicioso degenerado” que envenena todo lo que toca? Max Wolf ha de granjearse el odio de la más guapa y “cartucha” de todas, golpeará a los medios masivos locales en contra de la escandalosa campaña que han hecho para lavar la imagen de las empresas que han deforestado la región y llenado los ríos de represas. “Max Wolf, el lobo bajo la piel de oveja que amenaza a la ciudad”, la persona Non Grata de la región, el perdedor hermoso, el único valiente de nivel.

La historia y el personaje no podían menos que terminar rodeando los días del fatídico terremoto del 27/F. El pianista asciende a la cordillera en busca de un arriero que ha conocido estando detenido. Mientras está allá arriba, en la ciudad del trueno resuena la única explicación posible a todas sus irreverencias: “Recuerdo haber estirado ambos brazos y decirle, con esa sinceridad de los ebrios: Por favor, yo sólo quiero bailar…”.

Admiramos en Óscar Bustamante aquel mensaje de valentía encarnado en aquellos personajes, que por llevarle la contra al exitismo acaban concluyendo que no tiene nada de malo terminar sus días con austeridad o derechamente volver al origen de las cosas. Admiramos que sus obras destaquen la belleza del Maule, pues todavía hay rincones que, como lo hacía Bustamante, nosotros también admiramos.

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