Ma mère

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Desde el comienzo seguimos con entusiasmo la degeneración de Pierre tras los pasos de su madre. El autor es un místico, un existencialista, un brujo, un demente capaz de pedir un verdadero sacrifico humano para echar a andar una secta. Y lo apasionante no estriba en las artes oscuras del autor. Sino en la falta de límites morales a que lo han llevado sus lecturas, que repercuten una y otra vez en su magnífica obra.

Boris Vian es un músico de jazz que escribía novelas disparatadas, mientras Bataille es un lunático, autor de la mítica “Historia del Ojo”. Por razones de época o de nación tiendo a confundirlos, pero a Vian uno lo sigue a la carrera bajo la condición de no detenerse. Me arriesgo diciendo que toda pesadilla de Vian es una humorada. Pero a no perderse, con Bataille no se juega. Al contrario de Vian, el tipo este presiona a sus personajes a que practiquen el cultivo de sentimientos bajísimos. Y no estaría seguro de decir que busca la vulgaridad. Al contrario; la impresión que te deja es que mientras más refinado es el personaje, más bajo podrá llegar en la abyección de sus actos.

Pierre tiene una madre capaz de hacer las más atroces monstruosidades en materia de pasión carnal. Bataille hace comparaciones que justifiquen la maldad que Pierre se siente obligado a conseguir. Comparaciones en el siguiente tono: Mientras más bajo sean mis actos, estaré más seguro de que Dios odia lo que hago. Si logro que Dios me odie es porque ha puesto su atención en mí, lo que significa que mis actos son igualmente divinos: “Sólo las tinieblas perfectas son semejantes a la luz”.

Segunda explicación: Si la oración es un acto forzado que practican los creyentes, más divino será el placer de la carne que conlleva la espontánea abolición de los límites hasta un plano que es propio únicamente de Dios; el campo de lo ilimitado.

Al final de la historia Pierre comprende que la única forma de morir (si de verdad quiere seguir el ejemplo de su madre) es a través del placer sustentado en el vicio, pues sólo el vicio, que también implica dolor y sufrimiento, degenera. Por el contrario, aquellos que únicamente buscan el goce jamás alcanzarán el vicio; único extremo lo suficientemente opuesto a Dios, y por lo tanto, igual de santificado que él.

Los argumentos son repugnantes, pero interesantísimos como juegos del intelecto. Una invitación a conocer a Georges Bataille, el existencialista que se arroga las facultades de una inteligencia  oscura pero fascinante.

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