Un detective privado made in Chile

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http://issuu.com/diarioelcentro/docs/temas_08-04-2012 (Pág. 16)

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Un crítico literario ha muerto en extrañas circunstancias. Su amante duda de la versión entregada por la policía y recurre a los servicios de Heredia,     el investigador privado

En medio de la saga creada por Ramón Díaz Eteróvic, sobre las aventuras del detective Heredia, nos encontramos con una novela publicada el 2002 por editorial LOM bajo el título  “El hombre que pregunta”. La octava historia de este personaje que se ha convertido en una especie de conciencia para nuestro país.

La primera noticia que tuvimos de Heredia fue en 1987 con “La ciudad está triste”, novela que inicia las andanzas del investigador, y junto a él, abre las puertas a la narrativa policial en Chile. La novela negra o el neopolicial latinoamericano, ha tenido asidero en distintas regiones de nuestro continente, sobre todo en la década del 80, impulsada por una ola de dictaduras o por la degeneración que trajo consigo el mentado “desarrollo económico” de estos países.

Es en este escenario donde nace Heredia, el detective privado que transita por un Santiago de Chile al margen del desarrollo y el éxito económico. Codeándose con vagabundos de la Estación Mapocho y asistiendo periódicamente al “City-bar”, un boliche donde da rienda suelta a su imaginación para resolver los casos. No tiene más compañía que su gato Simenon, con quien sostiene diálogos imaginarios que ayudan al lector a conocer las conclusiones que van surgiendo o los pensamientos más íntimos del detective.

A veces recurre a la ayuda de sus fieles amigos Anselmo el quiosquero o Marcos Campbell el periodista, y en éste episodio se incluye además a un escritor con quien sostiene conversaciones en el City, de quien nunca sabemos el nombre, posible alter ego de Díaz Eterovic. Y aunque estamos acostumbrados a ver a Heredia en medio de la acción, esta vez el detective se enfrenta a un caso distinto.

Un crítico literario ha muerto, la policía dice que fue un accidente, que luego de una noche de copas un descuido lo hizo caer del sexto piso de su departamento. Esto conducirá a Heredia por un itinerario de entrevistas con los asistentes a la última cena de la que participó Francisco Ritter, el crítico muerto en extrañas circunstancias.

Berta Zamudio, la amante de Ritter, es quien solicita los servicios de Heredia y duda de la versión entregada por la policía. Desde ese instante, el detective comienza a internarse en el medio literario criollo, descubriendo un sin fin de envidias, egos y frustraciones. En el camino se encuentra con Claudio Román, un escritor fantasma asesinado, que para ganarse la vida escribía novelas por encargo que llevaban el nombre de otro, y que a su vez sostenían la economía de una editorial.

El hilo por donde transcurren las entrevistas que Heredia lleva a cabo, tiene el mismo estilo que las demás novelas de la saga. Un detective de respuestas ágiles, aficionado a las carreras de caballos, con un humor negro que lo caracteriza y un pesimismo que lleva consigo a todas partes. Clemens Franken ha dicho que “sus novelas son, en definitiva, una especie de ajuste de cuentas ético”, debido a lo empecinado que está en descubrir una verdad que los poderes suelen avasallar. En cada novela tiene amores pasajeros y recala en los bares de Santiago para beber en contra de un sistema del que conoce su lado más oscuro.

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