La patria interior

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http://issuu.com/diarioelcentro/docs/temas_10-06-2012 (Pág. 16)

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“Pasajeros en tránsito”, el primer libro de Rossana Dresdner, nos propone ir en busca de la identidad a través de dos décadas referidas en una novela polifónica

Y nuestro hogar se halla en los hechos que vamos guardando, y las historias se construyen “con los recuerdos que somos capaces de tener de esos hechos”. Algo de eso nos propone Rossana Dresdner. Vamos a descubrir cómo las personas se abren paso a través del tiempo para encontrar su identidad, en una época que trazó el camino hacia un lugar donde la identidad ya no tiene valor.

La joven Gabriela no quiere ser una “cabeza negra”, habla, viste y se comporta como sueca. Se aleja de los barrios latinos de Uppsala, y a todos sorprende con su perfecto manejo del idioma. No teme reconocer que no volvería a Chile. Y en cuanto al resto de nuestro continente tercermundista, se nos descubre el velo que separa al folclor de la resignación a través de la siguiente escena: Dos bolivianos de visita en su país después de muchos años acompañan a su madre a comprar al mercado. Al lado del puesto de naranjas un niño orina y a nadie parece importarle. A nadie menos a ellos. Dos jóvenes acostumbrados al orden prolijo de Europa, que con su espanto ante la escena del niño que orina nos hacen pensar; el desorden de nuestro continente disparatado ¿representa folclor en sí mismo o es un signo más de nuestro subdesarrollo?

Al parecer la joven Gabriela se inclina por lo segundo. Bolivia está resignada y echada a su suerte, dicen. “Le han quitado el mar, la plata se la llevaron los españoles, y el estaño, unos sinvergüenzas con sendas cuentas bancarias en Europa”. Éste puede ser el motivo que la lleva a ir siempre de paso, “nunca apostando a nada o más bien apostando a todo, para luego cansarse y buscar otra cosa”.

De Suecia a Sudán, en el norte de África. Nos enfrentamos al conflicto armado entre Eritrea y Etiopía. Las vidas de todos están marcadas a fuego por conflictos políticos y esos conflictos se convierten en excusas para fingir que nada es permanente. La idea del retorno es una farsa que les ayuda a seguir con la comedia. Eritreanos en la guerrilla, chilenos exiliados, bolivianos, finlandeses y venezolanos escapando de la pobreza. Todos son pasajeros en tránsito.

Sin embargo, Gabriela le escribe a su madre en castellano desde Sudán, y el reencuentro con su lengua materna despierta en ella la necesidad de saber quién es realmente. Y vendrán a su encuentro Cortázar, García Márquez, los libros latinoamericanos, la música, y un creciente deseo de volver a ese país llamado Chile. Un sitio donde en 1985 había mucho por hacer. Una dictadura que derrocar y tal vez un futuro por delante.

Abraza la causa anti dictadura militando en las juventudes comunistas, estudia periodismo y luego trabaja en El Siglo, el diario del partido. Su editor está convencido de que harán mella en el régimen a punta de crónicas y reportajes. Pero todo tiene su límite. Mucha violencia, demasiada violencia, amenazas, secuestros. “Esta no es la vida, aunque me tilden de burguesa por pensarlo”.

Y llega la democracia, y junto con ella una normalidad falsa. La tortura nos indica que este mundo es de locos, que todo está a la deriva. Toda la normalidad que creemos haber alcanzado puede estallarnos en las manos. Ahora Gabriela trabaja en una empresa de comunicaciones. Un ambiente lustroso, “donde tener problemas es de mal gusto. Sólo jóvenes profesionales y exitosos”. ¿Qué sentido tiene la patria?

En el barrio latino de Uppsala de los 70, el choque de culturas entre los inmigrantes daba pie a que  africanos y latinos conversaran en sueco en las esquinas. Al parecer los latinoamericanos necesitamos de las plazas y las esquinas y hacemos vida de barrio donde se nos ponga. Y en aquel tiempo, muchos chilenos debieron abandonar el país a la fuerza para hacer vida de barrio lejos de sus casas. Y tanto en Suecia, como en distintas partes del globo, las costumbres y las raíces culturales de todos ellos quedaron en juego.

Todo pende de un hilo y el horror está a la vuelta de la esquina, lo importante es encontrar la patria interior. Gabriela va en contra de todos y su avión de exiliada no aterriza en Chile sino en Uppsala, a 78 kilómetros al noreste de Estocolmo, capital de Suecia.

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