¿Cómo se llama el personaje?

rayuela-vaciahttp://issuu.com/diarioelcentro/docs/temas_23-06-2013  (Pág. 2)

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El joven García Márquez entra a un café de París porque le han contado que allí asiste diariamente el talentoso y grandote escribidor de ficciones hispanohablantes que ha abierto los bulevares a las selváticas y escabrosas latitudes de Sudamérica.

Conoce sobremanera su porte de burgués y confiesa que está a la cabeza de los escritores en lengua española, de los jóvenes escritores fantásticos en lengua hispana. Reconoce su forma de arrastrar cadenciosamente la “r”, esperando aquella pronunciación de su parte o intuyéndola en el fondo de cada lectura personal que hace de su obra en voz alta.

Quisiera conocer los detalles de las revoluciones que Thelonious Monk introdujo en el piano, tal como el grandote se luce contando al dedillo las anécdotas sobre aquellas innovaciones, y tal como se pavonea tan suelto de cuerpo frente a la máquina de escribir.

Dicen que este es su periodo de jazz y fantasmas, que su porte desgarbado se condice plenamente con el perfil de sus cuentos insidiosos. Dicen que de viejo se dejará la barba y no hablará sino  de marihuana y revolución. Pero su acento, por el contrario, se irá profundizando cada vez más hasta convertirse en un sonsonete que atormentará a sus lectores de aquí al infinito.

La espera ha valido la pena, por fin el joven Gabriel lo ve entrar al café, sentarse en una mesa arbitraria y hacer un leve gesto con la mano, que basta para ser reconocido y servido como se sirve y atiende a los clientes habituales. De un bolsillo el grandote saca un lápiz y una libreta y sin dejarse interrumpir por nada ni nadie, arremete contra la hoja sin parar de escribir durante 30 minutos sostenidos, que bien podrían ser 40 y si me apuran, podríamos estar hablando fácilmente de una hora sin despegar la vista de la hoja, ni levantar el puño que redacta de la mesa. Acto seguido termina de servirse el café que en algún momento le pusieron en frente, guarda la libreta y el lápiz en el bolsillo de su chaqueta, se pone de pie sin mirar a nadie, paga y se va.

El joven Gabo ha preferido no interrumpirlo.

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